"El escritor es un ingeniero del alma"
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jueves, 10 de diciembre de 2015


Huir cuando aún no has llegado.
Sin apenas haber dejado tiempo para instalarte. Correr en dirección contraria sin mirar atrás con la única premisa de sentirte libre entre las rejas de una realidad cada vez más parecida a escaparate de tienda en centro de ciudad. Respirar entre el ahogo de una masa cuyos rostros apenas perceptibles comienzan a perderse en tu memoria a medida que avanzas calle alante.
Nunca se te dieron bien las despedidas, y menos aún cuando el silencio es el encargado de darlas.

Huir cuando aún no has llegado. Huir porque aún no has encontrado motivo para quedarte. Huir, porque siempre huyes.
Porque, ¿por qué no huir?

viernes, 6 de marzo de 2015


Nos hundimos. Cuando tan solo un charco de agua roza nuestros tobillos nos sentimos presa de una angustia que trae el augurio de un final fatídico. Podría decirse que acudimos a una desesperanza esperanzadora. Creemos que todo está escrito, por más que corramos no conseguiremos escapar de todo ese agua que nos rodea, consumiéndonos.
Nadie acude al pensar que solo es agua y nada más que nos está cubriendo el tobillo. Sin embargo más allá de ello podríamos afirmar que la existencia de un peligro cercano podría basarse en un beneficio basado en la motivación por sobrevivir ante arduos momentos.
Podéis tacharme de necia, pero creo en la necesidad de una presión como motor de acción del ser humano. Al igual que todo ese agua que nos moja, parcialmente, para que no nos resignemos a hundirnos, sino a correr de la marea.

domingo, 8 de febrero de 2015


El ser humano tiende a huir por naturaleza de aquellos lugares en los que no encuentra las condiciones óptimas para desarollarse como tal. Charlas aburridas que no llevan a ninguna parte, encuentros incómodos con personas no muy de tu agrado, situaciones inesperadas e inebitables que nos llevan a preguntarnos qué hemos hecho nosotros para merecernos tal tortura. Siempre buscaremos la salida más fácil ante la inseguridad y el agobio.
Pero existen veces en las que no encontramos un motivo explícito que de parte de salida a nuestro desagrado. ¿Qué es lo que nos hace sonreír falsamente ante un chiste tan poco ingenioso? Tal vez una extrema corrección que proviene de una educación parental demasiado preocupada por las opiniones o quizás simplemente estés usando otra herramienta más de fuga.
La síntesis de todo esto reside en un pasaje de tiempo dentro de ambientes que no nos agradan por una imagen que se acabará fugando a medida que los años avancen. Y yo te pregunto: ¿Por qué estas en una fiesta si estás triste? ¿Por qué decides maquillar todo lo que realmente te da vida?
Si quieres un consejo, desata ese nudo que rodea tu tobillo, dirígete hacia la primera salida más cercana y corre todo lo lejos que puedas. Porque podremos enjaular nuestros instintos por una, dos veces o incluso tres. Pero el tiempo pasa y siempre será una fiesta, con las mismas risas enlatadas y esa corrección prefabricada que nos mata y oprime.
Hasta que la naturaleza decide estallar.