Esta es una de esas veces en la que no necesitas llorar, patalear o gritar para desahogarte... simplemente necesitas una mano, alguien que te diga "ven, conmigo estarás bien" y tú le creas.
Después de tantos y tantos enfados, de tantas ganas de salir corriendo y no volver, descubres que por mucho que corras, por muy lejos que estés, el sentimiento estara
SIEMPRE ahí.
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