
Con un nuevo día nos llegan infinitas oportunidades. Oportunidad de hacer algo que estaba pendiente o de mostrarle a alguien tus sentimientos... e incluso de reconocer que nos hemos equivocado. A menudo, intentamos evitar que una mala acción nos de en las narices porque aceptar el error conlleva algo que todos odiamos: pedir perdón. Una palabra tan corta pero a la vez tan difícil de pronunciar...
Como humanos, tenemos miedo y por ello ocultamos que nos equivocamos hasta qu eel peso de la mentira es tan grande que nos obliga a reconocer aquello que hicimos mal, y esperar que algún día el perdón nos libere de esa sensación que algunos llaman culpa.
Imagen: ángel caido (Madrid)
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