
Respirar lentamente y soltar el aire muy, muy lento...
Todos necesitamos un momento de paz, un periodo de imperturbabilidad para nuestra frágil y agrietada alma. Ven, sentémonos juntos y respiremos. No dejes nunca de hacerlo, no permitas que este despiadado mundo frene tu valioso tiempo. Continúa respirando. Nos quedaremos quietos y el silencio se apoderará de este momento fugaz. El viento intentará derribarnos, hacer de nosotros una simple hoja a su merced. Pero nosotros no lo permitiremos, porque continuaremos aquí: sentados y en silencio. Respirando y volviendo a respirar a un ritmo constante.
*Preguntarás que le ocurre a esta pequeña y malgastada alma a lo que yo responderé que hubo un momento, muy corto, casi inapreciable en el que dejó de respirar y fue entonces, y solo entonces, cuando todo aquello que había mantenido flotando con el aire generado el respirar cayó sobre sí catapultando para siempre su respiro.
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